(OSV News) -- En pasados días, obispos en representación de los organismos episcopales de Latinoamérica y el Caribe, Estados Unidos y Canadá, se reunieron en Tampa, Florida, para celebrar su encuentro bienal con el propósito de renovar su "compromiso de caminar juntos como una Iglesia que abraza el norte y el sur del continente, dando testimonio claro y coherente de Jesucristo, Crucificado y Resucitado, esperanza viva para todos los pueblos".
Según una declaración conjunta firmada por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), de la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá (CCCB, por sus siglas en inglés) y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), los obispos señalaron que, aunque sus contextos nacionales son diversos, "nuestros pueblos viven angustias semejantes y que nuestros ministerios episcopales enfrentan retos comunes que invitan a respuestas coordinadas, solidarias y profundamente evangélicas".
"Nuestra oración y nuestras conversaciones se han centrado en cómo guiar mejor al Pueblo de Dios con sabiduría y valentía en un tiempo marcado por profundos cambios y desafíos", citó un comunicado conjunto sobre la reunión que tuvo lugar del 15 al 17 de febrero.
En este sentido, el obispo Daniel E. Flores, vicepresidente de la USCCB y obispo de Brownsville, Texas, dijo a OSV News que los obispos del continente están "muy conscientes de que tenemos que profundizar aún más nuestros lazos de comunión y de mutuo apoyo como Iglesia, como una Iglesia en el continente de las Américas".
Por su parte el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta, segundo vicepresidente del CELAM y arzobispo metropolitano de Panamá, dijo a OSV News que todas las conferencias comparten una realidad, que es la realidad del migrante. "El migrante desde la Iglesia que peregrina en las Américas para nosotros no es un extranjero, es un hermano, y uno de los propósitos es fortalecer la coordinación desde la Iglesia de origen, la de paso, hasta el destino final", expresó.
Según la declaración de los obispos, publicada el 19 de febrero, en los distintos momentos de oración, reflexión y discernimiento de este encuentro, los obispos abordaron temas como los derechos de los pueblos indígenas, los pobres y vulnerables, la trata de personas, la narco-cultura, la polarización social y la vulnerabilidad de la comunidad migrante.
"Ningún migrante es extraño para la Iglesia", citó el documento de manera contundente. "En cada persona que abandona su tierra buscando seguridad, oportunidades o dignidad, reconocemos a un hermano, a una hermana; reconocemos el rostro mismo de Cristo que camina", se lee en la declaración, que agrega que "la movilidad humana no puede reducirse a una cuestión meramente política o económica; es una realidad profundamente humana que interpela nuestra conciencia cristiana y la responsabilidad ética de las naciones".
En su declaración los obispos instaron a las autoridades civiles "a promover políticas que salvaguarden la vida, los derechos y la dignidad de quienes migran" y al pueblo de Dios en las Américas a acoger a los migrantes y defender su dignidad como signos visibles de fraternidad y respuesta al llamado de Jesús y su enseñanza.
El obispo Flores compartió su experiencia de más de 15 años sirviendo en la frontera y seis años en la Diócesis de Brownsville, tiempo en el que ha sido testigo de cómo las políticas de inmigración de las administraciones de turno impactan en las familias migrantes.
"También afecta la conciencia de las naciones, cómo tratar con respeto y cómo formular las leyes de una manera que respeta la soberanía de los países, pero también que respeta que la vida humana, según la enseñanza de la Iglesia, es el punto fundamental donde empezamos a pensar sobre cómo organizar una sociedad éticamente, moralmente, con el bien del ser humano primero", afirmó el obispo Flores.
Mons. Ulloa Mendieta, por su parte, conoce bien el drama de los migrantes que por años atravesaron el Darién exponiendo su vida y reconoce el apoyo de la Iglesia de Estados Unidos y Canadá que ha acogido y acompañado a estos migrantes. Agregó que ellos respetan "el derecho que los países tienen para regularizar --sus fronteras" pero criticó la criminalización del migrante.
"Existe una hipocresía internacionalmente, criminalizamos al migrante pero no alzamos la voz de los países donde esos migrantes se ven forzados a salir. ‘O muero allá, o muero en el camino’ por las condiciones de persecución, de hambre, de falta de educación para sus hijos", expresó el prelado. "Yo creo que son elementos que nuestros gobiernos no toman en cuenta y sí creo que hay que levantar la voz de estos países expulsores de sus propios conciudadanos".
"Hay otro fenómeno ahora que se está dando, que son familias enteras y familias pobres. Vienen el abuelo, la abuela, los tíos y, sobre todo, los niños y por eso como Iglesia no podemos ser indiferentes al fenómeno migratorio", señaló.
El arzobispo destacó que transformar realidades sociales requiere educar y concienciar a los fieles promoviendo tanto una conversión interna como la acción, incluso a través de la participación política de los laicos y señaló que la voz de la Iglesia "no es solo la voz de los obispos sino de todos los bautizados", haciendo énfasis en la responsabilidad de cada uno en responder ante las injusticias y la discriminación.
El arzobispo Ulloa Mendieta destacó que "hay unas grandes obras que se hacen a lo largo y ancho del continente y también ahí influyen mucho los medios de comunicación. Tenemos que visibilizar todas esas buenas prácticas pastorales, la cantidad de albergues que sostiene la Iglesia, religiosas, laicos que en todo este proceso van acompañando a los migrantes".
El obispo Flores también dijo parte de la intención de estas reuniones "es profundizar nuestro mutuo entendimiento, cómo estamos tratando de responder con el Evangelio y con el esfuerzo de la Iglesia para la formación de las personas en la vida cristiana a estas realidades que son muy actuales, aunque tengan manifestaciones muy particulares en las regiones distintas de las Américas", agregó.
Uno de los principales frutos de esta reunión, dijo, fue conocer más de cerca las realidades pastorales de las distintas naciones, para "intensificar los lazos de cooperación y ver cómo podemos responder más como Iglesia en comunión y defender especialmente la dignidad del ser humano", esto en coordinación con sus pares en las otras conferencias y el apoyo de los colaboradores.
El arzobispo Ulloa Mendieta invitó a reenfocar esfuerzos y retomar caminos durante esta Cuaresma, reconociendo que la misión de la Iglesia se cumple con mayor eficacia cuando se trabaja en un espíritu colaborativo y fraterno. "Somos distintos, pero no distantes", concluyó. "Diversa América, pero un solo corazón y una sola Iglesia".
Por su parte, el obispo Pierre Goudreault, presidente de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos y obispo de Sainte-Anne-de-la-Pocatière, habló con OSV News sobre los frutos pastorales de este encuentro y citó entre ellos el ejercer la sinodalidad pues esta reunión, dijo, "realmente nos escuchamos unos a otros" y añadió que aprendieron "unos de otros y nos dejamos transformar por las diferentes experiencias que los obispos están viviendo y atravesando con sus comunidades".
Señaló que acordaron compromisos concretos de colaboración contenidos no solo en el mensaje dirigido "al pueblo de Dios que peregrina en las Américas", sino en una carta enviada al Papa León XIV "para hacerle saber que estamos adelantando esfuerzos entre los obispos para tender puentes entre nuestros países y para seguir trabajando juntos también en diferentes cuestiones pastorales".
Así mismo, destacó la creación de puentes fraternos ya que jornadas como esta, señala, les ayuda a establecer "vínculos, algunas conexiones fraternas o relaciones entre los obispos porque sabemos que, aunque venimos de contextos muy diferentes, queremos ser una sola Iglesia en las Américas".