ROMA (CNS) -- En muchos sentidos, la Iglesia católica es siempre una "obra en construcción" en la que Dios moldea constantemente a sus miembros, que deben profundizar y trabajar con diligencia, pero con paciencia, dijo el Papa León XIV.
La obra en construcción es "una imagen hermosa que habla de actividad, creatividad, compromiso, pero también de esfuerzo, de problemas por resolver", dijo el Papa mientras celebraba la Misa en la basílica de San Juan de Letrán, en Roma, el 9 de noviembre, fiesta de la dedicación de la basílica en el siglo IV.
La basílica es la catedral del Papa como obispo de Roma y se la conoce como "la madre de todas las iglesias".
De pie ante la "cátedra" o silla del obispo, el Papa León predicó sobre la basílica como "un signo de la Iglesia viva, edificada con piedras escogidas y preciosas en Cristo Jesús, piedra angular".
También habló sobre la festividad cuando regresó al Vaticano para la recitación del Ángelus al mediodía.
"Somos la Iglesia de Cristo, su cuerpo, sus miembros llamados a difundir su Evangelio de misericordia, consuelo y paz por todo el mundo, mediante esa adoración espiritual que debe resplandecer por encima de todo en nuestro testimonio de vida", dijo a las personas reunidas para rezar con él en la plaza de San Pedro.
"Con frecuencia, las debilidades y los errores de los cristianos, junto con tantos estereotipos y prejuicios, nos impiden comprender la riqueza del misterio de la Iglesia", dijo.
Sin embargo, la santidad de la Iglesia "no reside en nuestros méritos, sino en el 'don del Señor (que) no se revoca jamás', que 'con un amor que raya en la paradoja, elige una y otra vez como recipiente de su presencia las manos sucias del hombre'", dijo el Papa, citando el libro de Benedicto XVI de 1968, 'Introducción al cristianismo'.
En su homilía en la basílica, el Papa León pidió a los fieles que reflexionaran sobre los cimientos de la Iglesia en la que se encontraban.
"Si quienes la construyeron no hubieran excavado en profundidad hasta encontrar una base lo suficientemente sólida sobre la que erigir todo lo demás, toda la construcción se habría derrumbado hace tiempo o correría el riesgo de derrumbarse en cualquier momento", afirmó.
"Quienes nos precedieron dotaron a nuestra catedral de cimientos sólidos, excavando en profundidad, con esfuerzo, antes de empezar a levantar los muros que nos acogen, y esto nos hace sentir hoy mucho más tranquilos".
Como miembros y obreros de la Iglesia, dijo, los católicos de hoy también "debemos excavar en nosotros mismos y a nuestro alrededor para eliminar todo material inestable que pueda impedirnos llegar" a la roca de Cristo.
La Iglesia y sus miembros deben volver constantemente a Jesucristo y a su Evangelio, dijo el Papa, "de lo contrario, correríamos el riesgo de sobrecargar con estructuras pesadas un edificio con cimientos débiles".
Construir la Iglesia de Cristo es una labor que requiere mucho tiempo, trabajo duro y paciencia, dijo.
Parte de esa labor, dijo el Papa, es ser lo suficientemente humildes como para permitir que Dios trabaje en cada miembro, las "piedras vivas" que componen la Iglesia.
"Jesús nos transforma, y nos llama a trabajar en la gran obra de construcción de Dios, modelándonos sabiamente según sus designios de salvación", dijo el Papa León. "Esto implica un camino arduo, pero no hay que desanimarse. Conviene, en cambio, seguir trabajando con confianza, para crecer juntos".
El Papa León terminó su homilía haciendo una petición especial a la comunidad que celebra allí la Misa regularmente, pero también a todas las iglesias y parroquias.
"El cuidado de la liturgia, en el lugar de la Sede de Pedro, debe ser por tanto, en modo tal que pueda proponerse como ejemplo para todo el pueblo de Dios, respetando las normas, prestando atención a las diferentes sensibilidades de quienes participan, según el principio de una sabia inculturación".
Pidió que las misas permanezcan "en la fidelidad a ese estilo de solemne sobriedad típico de la tradición romana, que tanto bien puede hacer a las almas de quienes participan activamente".