Por Michael R. Heinlein, OSV News (OSV News) -- El venerable arzobispo Fulton J. Sheen es recordado como uno de los evangelistas más influyentes e innovadores de la historia de Estados Unidos. Apodado en su día "el micrófono de Dios", el arzobispo Sheen anunció la verdad de Dios de una manera no conflictiva, pero no por ello menos vivificante, a millones de personas a través de la radio, la prensa y la televisión.
Nacido en El Paso, Illinois, el 8 de mayo de 1895, el arzobispo Sheen decidió desde muy joven servir a la Iglesia como sacerdote. Conocido por tener siempre "la nariz metida en un libro", el arzobispo Sheen fue asignado, como era de esperar, al ministerio académico tras su ordenación sacerdotal el 20 de septiembre de 1919 para la Diócesis de Peoria. Filósofo de corazón, el arzobispo Sheen dijo que sus objetivos para el sacerdocio eran "saber dos cosas: qué piensa el mundo y cómo responder a los errores a la luz de la filosofía de Santo Tomás (de Aquino)".
Después de cursar estudios en Europa, le esperaba un futuro prometedor como profesor. Sin embargo, fue llamado de vuelta a su hogar en Peoria para servir como sacerdote auxiliar en una parroquia pobre del centro de la ciudad, una verdadera prueba de su obediencia. El arzobispo Sheen se dedicó de lleno a la labor, mostrando un celo extraordinario por las almas. Como parte de su ministerio parroquial, puso en marcha una campaña de evangelización puerta a puerta.
En menos de un año, el arzobispo Sheen consiguió una cátedra en la Universidad Católica de América en Washington, que ocupó durante 25 años. Rápidamente se convirtió en uno de los profesores más populares del campus, conocido por sus interesantes y estimulantes clases. Durante ese tiempo, escribió más de la mitad de sus casi 70 libros.
La destreza oratoria del arzobispo Sheen tuvo éxito, en parte, gracias a su compromiso de no utilizar notas. Su dominio del material era fruto de horas de preparación y memorización.
Durante las décadas de 1930 y 1940, el arzobispo Sheen se convirtió en un nombre muy conocido como presentador de "The Catholic Hour", programa emitido a nivel nacional por la NBC Radio de Nueva York. Se convirtió en una voz nacional, un profético defensor de la verdad que se pronunciaba sobre una gran variedad de temas, en particular las amenazas que planteaba el comunismo. Por ello, incluso fue investigado por el FBI.
Tras su nombramiento como director de la Sociedad para la Propagación de la Fe en 1950, el arzobispo Sheen tuvo que abandonar su trabajo como profesor y trasladarse a la ciudad de Nueva York. Al año siguiente, fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York y ordenado en Roma el 11 de junio de 1951. El arzobispo Sheen comenzó su labor en nombre de las misiones globales con gran energía, y sus innovadores esfuerzos le permitieron evangelizar al mismo tiempo.
Los martes por la noche, de 1952 a 1957, el arzobispo Sheen difundió verdades eternas a una audiencia estimada de 30 millones de personas a través de su programa de televisión "Life Is Worth Living" (La vida vale la pena).Con aparente facilidad y cautivadora elocuencia, ayudó a los espectadores a encontrar el sentido de la vida y los atrajo hacia lo divino, siempre equipado con su famosa capa y su pizarra.
Además, el arzobispo Sheen ganó millones de dólares en publicidad, que (junto con los beneficios de sus libros) se destinaron directamente a apoyar las misiones. Dedicaba una hora a preparar cada uno de sus 30 minutos al aire. Al igual que en el aula, se negaba a utilizar notas; en su lugar, practicaba sus guiones en italiano y francés para asegurarse que manejaba bien el tema que enseñaría en inglés durante sus lecciones televisadas (según Church Life Journal, él se sentía verdaderamente preparado solo si se sentía cómodo al hablar del tema en otros idiomas). Tras su primer año en antena, el arzobispo Sheen ganó un Emmy a la mejor personalidad televisiva. Al aceptarlo, dio las gracias a sus escritores: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Los escritos y las prédicas del arzobispo Sheen estaban inspirados en una fe viva y heroica. Cuando viajaba por todo el mundo visitando las misiones, atraía a multitudes. Era un predicador muy solicitado -- y sus sermones del Viernes Santo en la abarrotada catedral de San Patricio de Nueva York eran especialmente legendarios.
Como pastor de almas, el ministerio desinteresado del arzobispo Sheen se caracterizó por una gran fe, esperanza y caridad. Era un pastor atento tanto con los grandes como con los pequeños. Una rara combinación de inteligencia, ingenio y humor lo convirtió en un evangelista eficaz. Y con una enseñanza clara y sentido común, el arzobispo Sheen ayudó a la gente a dar sentido a los problemas de la vida. Sus esfuerzos en los medios de comunicación contribuyeron a borrar el anticatolicismo generalizado en Estados Unidos.
En todo lo que decía y hacía, el arzobispo Sheen recordaba que su trabajo era el del Señor. Cuando el Papa Pío XII le preguntó una vez a cuántos conversos había ayudado, el arzobispo Sheen respondió: "Siempre temo que, si los contara, podría pensar que fui yo quien los convirtió, en lugar del Señor".
Al igual que San Pablo, el arzobispo Sheen no podía transmitir lo que no había recibido primero en Cristo. A lo largo de su sacerdocio, trató de conformarse más estrechamente a Cristo observando a diario una Hora Santa frente a la Eucaristía, lo que él llamaba "la hora que hace mi día". Esta práctica le llevó a vivir diversas situaciones, algunas incluso cómicas, como cuando se vio obligado a saltar por una ventana después de que el párroco de una iglesia de Chicago le encerrara accidentalmente. También era muy devoto a la Madre de Dios.
El arzobispo Sheen luchó contra diversas tentaciones y dificultades a lo largo de su vida, muchas de las cuales fueron consecuencia de su fama. Entre ellas se encontraba el sufrimiento oculto de una década de hostilidad por parte del cardenal Francis Spellman de Nueva York. Pero ante sus problemas, el arzobispo Sheen perseveró en la virtud. Entendía sus sufrimientos a la luz de la providencia de Dios: "El cristianismo no comienza con la luz del sol, sino con la derrota. Durante aquellos días en los que mi vida se vio respaldada por la Cruz, comencé a conocerla y a amarla más".
En lo que sería su último sermón del Viernes Santo, el arzobispo Sheen dijo: "Ha habido sufrimiento físico. Y otros tipos... pero cuando echo la vista atrás, nunca he recibido el castigo que merecía. Dios ha sido indulgente conmigo. Nunca me ha impuesto cargas equivalentes a mi fe".
Dado su talento y su influencia, muchos esperaban que el arzobispo Sheen se convirtiera en cardenal. Tras su jubilación, cuando le preguntaron por qué no había ascendido más en la jerarquía eclesiástica, respondió: "Me negué a pagar el precio. ... Sentí que sería una deslealtad hacia mis propios principios y, creo, hacia la práctica cristiana".
De 1966 a 1969, el arzobispo Sheen fue obispo de Rochester, Nueva York. Fue un mandato breve, considerado por muchos como un exilio. El arzobispo Sheen había participado activamente en el Concilio Vaticano II y, como obispo diocesano, trabajó para implementar algunos de sus temas principales, como la reforma de la formación sacerdotal y el aumento de la participación de los laicos.
Atento a los tiempos, sus prioridades a menudo se basaban en la conciencia social. Ministró a los pobres, trabajó para mejorar las relaciones raciales y fue un opositor declarado de la guerra de Vietnam. Pero a pesar de los esfuerzos del arzobispo Sheen, su breve mandato se encontró con una gran resistencia y resultó en lo que él mismo describió como algunos fracasos.
Después de que su solicitud de jubilación anticipada fuera aceptada en 1969, el arzobispo Sheen recibió el título de "arzobispo" de San Pablo VI. Continuó predicando por todas partes durante su última década, impartió retiros destinados a la renovación del sacerdocio en todo el país y mantuvo su voz en la esfera pública a través de apariciones regulares en los medios de comunicación.
Las tentaciones y los sufrimientos a los que se enfrentó el arzobispo Sheen lo purificaron e intensificaron su unión con Cristo, según él mismo afirmaba. Hacia el final de su vida, en su autobiografía, el arzobispo Sheen se disculpó por sus fracasos y se preguntó: "¿Inspiré a alguien a imitar a Cristo en el llevar diario de su cruz?".
Dos meses antes de la muerte del arzobispo Sheen, San Juan Pablo II lo abrazó durante una visita a la catedral de San Patricio en la ciudad de Nueva York y le dijo: "Has escrito y hablado bien del Señor Jesús. Eres un hijo leal de la Iglesia".
Después de casi dos años entrando y saliendo del hospital tras una operación a corazón abierto, el arzobispo Sheen falleció a los 85 años el 9 de diciembre de 1979 en la ciudad de Nueva York, en presencia del Santísimo Sacramento. Sus devotos se han multiplicado tras su muerte, y muchos han acudido a él en busca de inspiración e intercesión. En 2002 se abrió la causa de canonización. El arzobispo Sheen fue declarado venerable una década más tarde.
La causa del arzobispo Sheen ha sufrido reveses debido a dos controversias, entre ellas una batalla pública para trasladar sus restos de la catedral de San Patricio en Nueva York a la catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción en Peoria, así como preocupaciones --en última instancia infundadas-- relacionadas con la gestión de la crisis de abusos sexuales por parte del clero durante su etapa como obispo de Rochester. La Santa Sede solicitó el "aplazamiento" de la beatificación del arzobispo Sheen, sin dar explicaciones, apenas unas semanas antes del evento, que estaba previsto para diciembre de 2019.
El 9 de febrero de 2026, el obispo Louis Tylka de Peoria anunció que se había aprobado la causa para la beatificación del venerado arzobispo, y que está trabajando con el Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano para determinar los detalles. Se espera que la fecha y los detalles del evento se den a conocer pronto en celebratesheen.com.